Curryburriwurst

Currywurst “a la mexicana”

En vísperas de nuestro viaje a Berlín, después de haber visto la palabra “currywurst” unas 700 veces, nuestra nevera nos hizo señales para preparar la susodicha receta. Hombre, algo “tuneada”. Teníamos que gastar lo que quedaba en casa, y casualidad, en la nevera había salchichas y pimientos… en el cajón cebollas… en el armario una lata de tomate triturado y tortas de trigo para fajitas…tenía toda la pinta de que iba a ser comida de fusión.

curryburriwurst2La receta en realidad consta de una salsa de tomate casera, salchichas y fajitas, no tiene más. Eso sí, para simplificarla uno puede sustituir la salsa por tomate frito o ketchup, pero el tomate casero siempre está más rico. Lo cierto es que el currywurst auténtico lleva más bien una combinación de tomate frito con diferentes especias, así que la salsa que cada uno añada puede ser una labor empírica de mezclas de ingredientes… cada cual que elija. Eso sí, la única complicación de esta receta es la salsa, el resto se hace solo (casi).

Ingredientes (cuatro burritos)

Salsa de tomate casera

  • 390 g de tomate triturado (una lata pequeña)
  • Media cebolla (o una pequeña)
  • Medio pimiento verde (o uno pequeño)
  • Aceite de oliva virgen (también hará falta para freir las salchichas)
  • Sal
  • Azúcar

Resto de ingredientes

  • 4 salchichas grandes (u 8 pequeñas)
  • 4 fajitas
  • Curry en polvo

Preparación

Se cortan la cebolla y el pimiento en trozos pequeños y se ponen a pochar en una sartén con 2 cucharadas de aceite, puesta a calentar previamente (no dejar que el aceite humee, eso significa que se está quemando y es cuando se produce acroleína -ver Cómo freir un alimento). Primero saltear un par de minutos a fuego fuerte y después dejar a fuego medio hasta que la cebolla y el pimiento estén tiernos. Una vez pochados, se añade el tomate triturado y un poco de agua (se pueden añadir unos 50-75 ml, es decir, un chorro que puede servir para limpiar lo que queda en la lata y así “enriquecemos” ese agua añadida), se sala al gusto y se añade azúcar para compensar la acidez. La cantidad puede variar, lo mejor es ir añadiendo e ir probando, pero una cucharadita suele bastar. Se deja la mezcla a fuego suave-medio durante 5 minutos.

Mientras, se pueden ir friendo las salchichas enteras (con una cucharadita de aceite basta) hasta que estén doraditas. Se reservan.

A los 5 minutos (aprox) se pasa la mezcla al vaso de la batidora y se bate, eligiendo la consistencia (fina o grumosa, mejor si tiene trocitos de verdura) deseada. Se reserva la salsa (la cantidad que se añada a los burritos variará según el gusto de cada cual, pero seguramente sobre).

Por último, usando una sartén de diámetro similar al de las fajitas, se tuestan las tortas que previamente habremos humedecido con un poquito de agua (nota: no hay que sumergirlas en agua ni ponerlas bajo el chorro del grifo, tan sólo untar con unas gotas con la mano para que queden tiernas y no secuchas).

Montaje

Se toman las fajitas y se coloca una salchicha en cada una (2 si son pequeñas). También se pueden cortar en rodajas para que sea más similar al currywurst, pero el no cortarlas facilita el doblado y manipulación de la fajita. Se vierte salsa de tomate por encima al gusto y se espolvorea de curry (también al gusto) por encima. Se dobla la fajita para hacer paquetitos y listo, a comer!!

Wunderbar wei!

El bastión gastronómico

Labastida

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Y es que el topónimo de esta villa en la Rioja Alavesa tiene su origen en la palabra “bastión” que hace referencia a un pasado guerrero, y guerrera (por contundente,  abundante y rica) es la gastronomía de la zona igualmente.

La historia de la villa es muy interesante, habiendo sido marco de múltiples batallas y que ha dejado un legado con reminiscencias neolíticas, medievales, renacentistas o barrocas. Fue un lugar estratégico en la Edad Media y una importante villa noble más tarde, por lo que es la población más blasonada de toda la Rioja Alavesa. Gracias a la audioguía que se puede descargar en la página web de Labastida, uno puede visitar a su ritmo la villa y alrededores, aunque existen también visitas guiadas muy recomendables (entre otras cosas, porque le llevan a uno al interior de la ermita del Santo Cristo, fundada por Sancho “el Sabio”, que de otra manera no puede ser visitada). Dentro de Labastida existe además un lagar, el lagar de la Mota, al lado del antiguo ayuntamiento de la villa, que, para aquellos que no puedan visitar alguno de los múltiples lagares rupestres que hay por la zona, resulta interesante para visualizar el antiguo método de extracción de vino. De hecho, hasta tal punto ha sido siempre importante la elaboración de vino en Labastida, que se dedicó en exclusividad a su producción, obviando los frutales, olivos y cereales (al contrario que otras poblaciones), por lo que sufrió mucho con la llegada de la filoxera y la posterior destrucción masiva de viñedos.

Gastronomía

Teniendo en cuenta que nos alojamos en una casa rural (Lurmendi) donde la frase más oída es “Tú como en casa” y cuyos dueños son también propietarios de una carnicería, sabíamos que la carnaca iba a estar asegurada. Nuestra primera cena constó de un entrecot (citando la propaganda de la tienda “Si no quieres tener colesterol, come entrecot de carnicería Encarnación y Tío Jose“, aunque el entrecot sin colesterol es algo insólito), con patatas, dos huevos (a la porra el colesterol) y pimientos. Cenaca.

Además, nos habían recomendado ir al restaurante Ariño, en la calle Mayor, donde había buen chuletón, chuletillas de cordero impresionantes y carrilleras estupendas, además de rico revuelto de hongos con  ajetes y postres caseros. El menú del día está a 11 €, aunque en fin de semana sólo hay carta.

Y bueno, las visitas a las bodegas siempre suelen ir acompañadas de un poco de queso y/o chorizo para acompañar al vino….así que por comer que no sea.

Desde luego, hay que llevar el hígado preparado para semejante bacanal y mentalizarse para pasar la siguiente semana a purés y verduritas para compensar, pero merece la pena (y mucho).

Paseos y visitas recomendadas

Merece la pena realizar el paseo por el Machimbrao, camino que sale desde el arco del Toloño, antigua salida  a la sierra, y en el que hoy día se pueden ver diferentes tallas en piedra, creadas estas, como curiosidad, por el artista y enólogo de la bodega Luis Cañas, Pedro Pablo Amurrio.

Otro paseo muy interesante (con visita incluída), es caminar hasta la granja Remélluri, a una media hora a pie desde Labastida. Esta propiedad consta de una necrópolis de los siglos X y XI, sus propios viñedos, su bodega y una ermita del siglo XI. La bodega, que según nos cuentan en la visita no elabora crianza, promueve un método de producción vitivinícola tradicional y ecológico, incidiendo en el cuidado y mantenimiento de los suelos, algo muy importante para la elaboración de vino en particular pero importantísimo también para lograr una agricultura sostenible hoy día: “requiere un poco más de trabajo pero merece la pena, y no es tan difícil como dicen” comentan. La propiedad y producción actual data de 1967, quedando aun lagares antiquísimos y habiendo pasado la granja por manos de monjes jerónimos, que también elaboraron su propio vino. La visita a esta bodega vale la pena por la variedad de actividades que se pueden llevar a cabo en ella, puesto que se puede comenzar con un paseo por la propiedad reviviendo parte de la historia de la zona, continuar con la visita propiamente dicha a la bodega, y finalizar con un aperitivo de vino, queso y aceitunas al lado de la chimenea, que en días de nevada acompaña y se agradece. Vino excelente (de hecho, nos llevamos dos botellas de reseva 2007).

Por otro lado, se puede visitar la Unión de cosecheros de Labastida (Solagüen), la cooperativa de la villa (si se oye “la cope” por la calle no se refieren a la cadena de radio, ojo). Formada por 152 viticultores, es la bodega de la gente de Labastida. Aun cuentan con depósitos de hormigón, interesante para entender cómo y dónde se fermentaba el vino antes. La visita consta de la ruta por la bodega, degustación de sus vinos, almuerzo con queso y chorizo y descuentos para la compra de vinos. Como hay que avisar si o si, y por si alguno se queda con las ganas porque no ha podido ir, existe un puesto en el pueblo donde se pueden comprar sus vinos con distintas ofertas. En nuestro caso, una caja de 6 botellas: 2 Manuel Quintano 2004, 2 reserva 2005 y 2 gran reserva 2001. Por cierto, Manuel Quintano fué un monje de Labastida que se trajo con él las técnicas que ya se empleaban en Burdeos para elaborar vino, allá por 1786, y debió de revolucionar el proceso productivo. De otra cosa no, pero de vino mira cómo saben los curas…

Cookies de chocolate y avellanas

Galletada!!

Esta receta de galletas la encontró una amiga y le he hecho algunas modificaciones. Al llevar levadura, quedan más esponjosas y blandas, lo que hace que la textura sea como la de las cookies. Pongo los dos chocolates con los que he probado a prepararlas y con los que quedan cojonudas. Realmente COJONUDAS.

Ingredientes

– 115 grms de mantequilla.
– 1 huevo grande.
– 60 grms de azúcar glass.
– 60 grms de azúcar (blanco o moreno).
– 160 grms de chocolate fondant (Chocolate fondant Carrefour® o Pedro Mayo® cobertura)
– 75 grms de avellanas tostadas
– 175 grms de harina.
– 10 grms de levadura química (medio sobre)
– Una pizca de sal.
– Un chorrito de leche.

Elaboración

Lo primero es poner a precalentar el horno a 180º C. Luego hay que cortar el chocolate en trozos medianos y picar las avellanas con un mortero para hacer cachitos pequeños y reservar.

La mantequilla se puede derretir en el microondas, y una vez hecho, hay que mezclarla con el huevo. A esta masa se le añade el azúcar glass y un chorrito de leche, y se mezcla de nuevo. Una vez hecho, se incorporan el azúcar, la harina, la sal y la levadura y se mezclan muy bien. Finalmente, se añaden el chocolate y las avellanas machacadas.

Para colocar en el horno las galletas, hay que cubrir una bandeja con papel parafinado y hacer montoncitos (con dos cucharillas) que iremos colocando sobre el papel, dejando separación entre ellas porque la masa se esparce al fundirse la mantequilla. Lo ideal es hornear a 175-180º C durante 30 minutos, aunque todo depende del horno, por lo que conviene vigilarlas. Cuando terminen de hacerse se dejan enfriar (golosos… autocontrol).

cookies

Et…voilà!

Calaveras garbanceras y calaveritas de azúcar

La calavera de azúcar puede ser un bonito disfraz o bien un dulce

Y es que este fin de semana decidimos disfrazarnos de algo que ha resultado ser también una comida: de Catrinas o Calaveras de Azúcar, que consiste en pintarse la cara como una calavera pero añadiendo además diferentes decoraciones de colores, haciendo formas de flores, corazones, espirales, etc. El resultado es bonito a la vez que barato, aunque en realidad no es un disfraz típico de carnaval sino del Día de los Muertos en Méjico, puesto que tanto la Catrina como las Calaveras de azúcar simbolizan la muerte. Sin embargo, el significado en origen de ambas no es el mismo que hoy en día.

La Catrina originariamente llamada La Calavera Garbancera es una figura creada por José Guadalupe Posada y bautizada por el muralista Diego Rivera. «Garbancera» es la palabra con que se conocía entonces a las personas que vendían garbanza que, teniendo sangre indígena, pretendían ser europeos (ya fueran españoles o franceses) y renegaban de su propia raza, herencia y cultura. En realidad, era un forma de crítica que no simbolizaba la muerte sino «…en los huesos pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz».

En cuanto a las Calaveras de Azúcar, su procedencia está en las costumbres de los antiguos mesoamericanos y sus sacrificios rituales, siendo ahora una receta popular de un dulce que hoy en día sirve para recordar a los difuntos (y el destino que todos compartiremos). Algo así como los huesitos de santo que se elaboran el dia de todos los santos.

calaveritas de azúcar

Fotografia: Ricardo Sanchez Belmont Bajo Licencia Creative Commons BY 2.5

Gastronomía en el Año Nuevo Chino

El año nuevo chino (Nian) será el 10 de febrero

pastel chino

En este mi primer post, no me voy a poner a dar las predicciones de cada signo para el 2013 (de eso poco sé) aunque sí puedo decir que entramos en el año de la serpiente.

El otro día, en una charla que tuvo lugar en el Koldo Mitxelena Kulturgunea de Donosti a cargo de Adela (Ning Lu), directora del Centro Chino de la misma localidad, se habló sobre el año nuevo chino.

Además de contarnos las leyendas que explican la celebración y las actividades que se llevan a cabo, hubo una sección para la gastronomía. La cena está llena de simbología y hay que comer ciertos alimentos para empezar bien el año. Aquí un resumen de algunas comidas importantes:

  • Se come pescado (yú 鱼) que en chino suena igual que sobras, y se refiere a que siempre sobre algo de dinero a final de año.
  • También se come pollo, que suena como buena suerte o agarrar la suerte.
  • Las manos de cerdo también se comen porque su significado es algo parecido a agarrar la suerte.
  • Las empanadillas (jiǎozi 饺子) son especialmente importantes. En su elaboración participa toda la familia, y dentro de una de ellas se esconde una moneda. Quien la encuentre tendrá mucha suerte el año nuevo. Además, su forma recuerda a la antigua moneda china, simbolizando riqueza.
  • También se consumen albóndigas y un pastel pegajoso y dulce llamado Nián gāo (年糕) como símbolo de cohesión. Más tarde, se comen Yuan Xiao Jie, unas bolas de arroz rellenas de pasta dulce, simbolizando la unión y cohesión.

La verdad es que salimos de la charla pensando en todos estos platos y con ganas de probarlos. Si organizaran una típica cena de Nian y nos acercaran esta costumbre tan poco conocida aquí sería una gran idea. Mientras… ¡feliz año nuevo chino! Xin nian hao!

Fotografia: Juliana Pang Bajo Licencia Creative Commons BY 2.0